Santiago de Peñalba

Una de las frases que mejor resumen los sentimientos del visitante que por primera vez se acerca al recóndito pueblo de Peñalba de Santiago fueron aquellas palabras de Rollán Ortiz: "un pueblo detenido en un lejanísimo día medieval, en mitad de un pródigo derroche de la naturaleza".

Si durante el trayecto nos fijamos en el paisaje circundante, nos veremos, poco a poco, envueltos en el ambiente casi medieval que nos citaba el autor, en el cual los acelerados ritmos de la ciudad parecen detenerse y dar paso a otra clase de tempo. A lo lejos, puntualmente y ejerciendo su ancestral papel de estático guía, divisaremos el corazón espiritual y orla del Bierzo: La Aguiana, ya que cada vez nos sumergimos más en el interior de los Montes Aquilanos, los cuales se alzan a nuestro alrededor majestuosos, rasgando el cielo en un ejemplo de poder de la naturaleza. Es entonces cuando comprendemos las palabras de Gil y Carrasco: "A vista de aquellas montañas enriscadas, en aquella soledad triste y oscura donde al rasgarse las nubes del invierno tal vez se mostraran los cielos a los contemplativos monjes en todo su explendor y majestad, sobran en verdad los devaneos mundanos y las frágiles esperanzas terrenas".

Divisamos la llegada a Peñalba de Santiago, al observar las Peñas Albas -blancas-, macizo calcáreo que da nombre al pueblo situado a sus pies, y que presiden dos pequeños valles: Friguera y el Valle del Silencio. Y es este último otro hidrónimo de curioso y mitológico origen, pues cuenta la tradición que el Santo fundador del monasterio de Santiago se encontraba incomodado en sus meditaciones por el discurrir bullicioso del arroyuelo y le ordenó silencio con el imperativo ¡Cállate!. El rio entonces comenzó a fluir silenciosamente bajo las piedras sin molestar mas el solitario refugio del eremita, situado en una Cueva por encima del curso del Silencio. Desconocemos cual sería el nombre anterior de este rio, aunque según la tradición permanecía hasta entonces ignoto o sin nombre.


Sus casas son todo un ejemplo típico de una forma de vida extinta: construcciones de piedra sin escuadrar, cuadrangulares aunque con algunas paredes de formas circulares que evidencian supervivencias castreñas prerromanas, edificios de dos alturas, con bodega en la inferior ocupada por el ganado que se aprovechaba como calefacción de los dormitorios en la superior, balconada o solana cubierta a veces con maderos por los rigores del clima cuyos balaustres solían ser objeto de austeras ornamentaciones. El techado era de oscura pizarra, culminado con curiosas cumbreras -losas entrecruzadas por medio de muescas y que según el pionero historiador Jose María Luengo se trataría de un curioso detalle, "heredero de los cabrios de las armaduras de las chozas célticas primitivas" y elaboradas chimeneas con forma de piramide truncada.
La iglesia, gérmen de la aldea y centro del monasterio dedicado a Santiago, patrón de la reconquista, ha sido justamente renombrada como una de las joyas artísticas del patrimonio español.

En las postrimerías del s IX y principios del s.X, tiempos dificiles para los cristianos pero en los que comienza a consolidarse la monarquía astur-leonesa, San Genadio funda este cenobio (909-916 d.c) y restaura las ruinas visigodas dejadas por su predecesor San Fructuoso, arrasadas anteriormente por las razzias mahometanas, revitalizando así esta zona sagrada. Sin embargo y paradójicamente, para ello hace uso de la avanzada belleza artística árabe, traída a estos agrestes desfiladeros por canteros cristianos huidos desde el sur, escapando de un endurecimiento religioso de la política del Califa.
Pero no terminan aquí nuestras sorpresas pues en el exterior del Templo captaran nuestra atención los diminutos modillones decorados con ruedas helicoidales y triskeles de tradición visigótica o reminiscencia celto-romana, pero especialmente nos fijaremos en una serie de símbolos grabados sobre una piedra que remata una ventana abierta al costado sur de la sacristía. Para algunos investigadores estos grabados no pertenecerían a ningún alfabeto desconocido -como alguien ilusionado pudiera pensar- sino que serían marcas de cantero, pero hay quien ve y con razón, increibles similitudes con los petroglifos de época neolítica que tanto abundan en la costa atlántica gallega. Sobre estos signos hay una hendidura que según los lugareños estaría ocupada por una hurtada barra de oro que contenía otras letras indescifrables. No sería este el único hurto o ausencia que pudieramos echar en falta en nuestra visita.

A pesar de ello recientes restauraciones han sacado a la luz nuevas sorpresas, como las ricas pinturas medievales y "grafittis" (a modo de prácticas de escritura en tiempos en los que el papel era caro y escaso) realizados por los monjes, entre los que aparece la figura de un elefante -animal deconocido en estas altitudes , y tanto mas en las edades oscuras del medievo-, muestra de amplio círculo cultural en el que se enmarcaba y participaba el cenobio. Pues su fundador,al parecer creó también la primera biblioteca circundante de España, en la que los ricos fondos de las bibilotecas monásticas eran compartidos por turnos.
Quién sabe cuántas sorpresas pueden depararnos todavía, Peñalba de Santiago y su entorno, excepcional lugar donde la Historia ha dejado una profunda huella en tan diversos y entrelazados testimonios.
Apuntes bibliográficos:
Jaime-Fedérico Rollán Ortiz "Iglesias mozárabes leonesas". Ed. Everest, 1976David Gustavo López "Valle del Silencio". Breviarios de la calle del Pez, 1989
David Gustavo López "Peñalba de Santiago". Ed Edilesa. Madrid.
Augusto Quintana Prieto " Peñalba". Ed. Nebrija, 1978
Luis Pastrana. "Peñalba, Montes y Compludo".
Enrique Gil y Carrasco "Bosquejo de un viaje a una provincia del interior". Breviarios de la calle del Pez, 1985